Flores fluorescentes
Escarabajos joya y cristales fotónicos
Cetonia aurata
Pompas de jabón y alas de insectos
Xylocopa violacea
Plumas fósiles tornasoladas
Artículos sobre todo tipo de temas de biología, desde un enfoque divulgativo, aunque a veces divago más de la cuenta
Camarón mantis
Pez abisal (Winteria telescopa)
Pez abisal (Dolichopteryx longipes)
Peces abisales (Argyropelecus sp.)
Cada animal construye su propio universo visual con los ojos que posee. Algunos de esos mundos nos resultarían familiares, pero otros nos dejarían completamente desconcertados.
El mundo para los protozoos y gusanos primitivos es una simple gradación de luces y sombras. Sus rudimentarios ojos tienen la función de distinguir la presencia y la dirección de la luz para guiar su movimiento (están estrechamente ligados a las estructuras propulsoras). Para una rana, por ejemplo, el mundo se divide en cosas quietas y cosas en movimiento: una sombra grande en movimiento es un depredador y una sombra pequeña en movimiento es una presa. Una rana puede morir de hambre rodeada de moscas quietas. Para un insecto con ojos compuestos, el mundo puede ser una multiplicación mareante de imágenes que se suceden a toda velocidad, lo que permite ver con nitidez objetos en movimiento rápido. Las aves ven un mundo mucho más rico y extraño que el nuestro: perciben pequeños detalles a gran distancia, y sobre todo, son capaces de detectar una gama de frecuencias de las ondas luminosas más ancha que nosotros. La mayoría de los mamíferos tienen dos tipos de receptores para el color, aunque los primates poseemos una visión de los colores más refinada, ya que tenemos tres tipos de receptores. Las aves tienen cuatro tipos de receptores. Por ello, pueden adentrarse en el reino desconocido del ultravioleta. Probablemente perciben las ondas ultravioletas como un nuevo color, que ni siquiera podemos imaginar.
Los ojos son estructuras muy variadas en el mundo animal. Todos comparten una célula fotorreceptora, con un pigmento sensible a los fotones (en todos los animales es la proteína opsina, que encierra en su interior el retinal, un derivado de la vitamina A, que traduce la señal lumínica a otra eléctrica); y una célula pigmentaria, que protege a la anterior de un exceso de luz y permite establecer la dirección de la radiación. Las células receptoras de nuestros ojos son tan sensibles que a veces pueden disparar una respuesta nerviosa hacia el cerebro al recibir un solo fotón. Las células fotorreceptoras aumentan su superficie para detectar luces débiles por medio de invaginaciones ciliares o microvellosidades. Las células receptoras y pigmentarias se han ensamblado en dos patrones básicos: el ojo de cámara (como el de los vertebrados) y los ojos compuestos, que aparecen en muchos artrópodos y en algunos bivalvos. En base a estos patrones genéricos, se ha generado una diversidad estructural impresionante: hay desde simples manchas oculares hasta ojos de cámara con cristalino transparente para ajustar la distancia focal, con espejos, con córneas y otras lentes de enfoque. También hay ojos compuestos con cristalino o espejos coordinados. Muchos ojos pueden ajustar la cantidad de luz que reciben por medio de un diafragma anular y contráctil similar al de las cámaras fotográficas: el iris.
Los ojos de algunos animales les permiten percibir la luz polarizada (formada por fotones cuyos campos eléctricos están todos alineados en la misma dirección). Las abejas usan la luz polarizada del sol para orientarse y algunos calamares de las profundidades la usan para detectar a sus presas gelatinosas, cuyos cuerpos son virtualmente transparentes en el agua. Recientemente se han encontrado animales con un aparato de visión único: los camarones mantis o galeras. Además de ver más colores que nosotros (sus ojos usan 16 pigmentos frente a los 3 nuestros), ver el infrarrojo y el ultravioleta o poseer visión estereoscópica con un sólo ojo, pueden distinguir la luz polarizada circularmente. En la luz ordinaria los campos eléctrico y magnético oscilan en todas las direcciones del espacio que son perpendiculares a la trayectoria. En la luz polarizada linealmente la oscilación se da en un solo plano, mientras que en la luz polarizada circularmente la oscilación gira helicoidalmente a lo largo de la trayectoria, o bien a derechas, o bien a izquierdas. No se conoce a ningún otro animal capaz de distinguir este tipo de luz. Las galeras pueden asociar una recompensa de comida a la luz polarizada circularmente a izquierdas cuando son condicionadas. Pero, al parecer, en el medio natural este tipo de visión está relacionado más bien con el sexo, ya que los machos reflejan con parte de su cutícula luz polarizada circularmente. Las áreas que reflejan luz de este modo son usadas por los machos frecuentemente para los rituales de apareamiento. Éste sería un canal de comunicación secreto, indetectable para los depredadores.
Recientemente se ha anunciado el hallazgo de un ojo muy extraño, tan extraño que es único entre los animales. En la mayoría de los ojos, una lente convergente enfoca la imagen en la retina, pero en un pez abisal, Dolichopteryx longipes, un espejo curvo en el fondo del ojo enfoca la luz hacia una retina lateral. Éste es el principio por el que funcionan los grandes telescopios reflectores, con espejos, de la actualidad, en contraste con los primitivos telescopios refractores, con lentes. Este tipo de ojo proporciona un mejor contraste y supone una ventaja en el oscuro medio en que vive este pez, sólo alumbrado por fogonazos fosforescentes.
Pero los peces abisales, que viven en un entorno donde las luces son muy tenues, han desarrollado otro tipo de ojos muy extraños. Podéis conocerlos en esta entrada del blog de Juan Ignacio Pérez: Ojos tubulares.
Antiguamente, esta diversidad desconcertaba a los biólogos, que suponían que los ojos se habían originado hasta 65 veces independientemente en los distintos grupos animales. Por ejemplo, entre los bivalvos hay ojos con una sola lente o cristalino, ojos con espejo (como los de la almeja del peregrino) e incluso ojos compuestos. Pero últimamente se están acumulando muchas pruebas de que los ojos de todos los animales proceden de un ojo primordial, compuesto por una célula fotorreceptora y una célula pigmentaria. Los platelmintos o gusanos planos presentan todavía un ojo así de simple. La red genética controladora de la formación de ojos es muy similar en una mosca del vinagre y en humanos, a pesar de que el ojo compuesto de una mosca es radicalmente distinto del nuestro. Todos los animales comparten una serie de genes maestros que inducen la formación de los elementos básicos de un ojo. La evolución de los ojos, a lo largo de más de 500 millones de años, ha consistido en el perfeccionamiento y en cambios en la disposición de los componentes fundamentales, así como en el desarrollo de estructuras de enfoque o reflexión. Por cierto, la gran explosión de diversidad animal del Cámbrico estuvo motivada en gran parte por la aparición de una nueva conducta ecológica, la depredación. Esto se traduce también en un perfeccionamiento y diversificación súbita de los tipos de ojos. Otra prueba en favor de que el ojo se originó en un solo linaje a lo largo de la evolución animal es la universalidad de los pigmentos. Además, incluso el ojo simple de los platelmintos es ya lo suficientemente complicado como para hacer improbable su aparición en otro linaje.
Otros elementos del ojo se han originado independientemente en el curso de la evolución animal: el cristalino está formado por distintas proteínas transparentes en los diferentes grupos, y puede estar formado por células muertas (es el caso de los humanos) o consistir en una matriz acelular de proteínas transparentes. El ojo de cámara, por ejemplo, es distinto en moluscos cefalópodos, como el pulpo, donde está muy perfeccionado, y en vertebrados. El de los cefalópodos gana al nuestro en algunos aspectos: las células fotorreceptoras de la retina están situadas por delante de las capas nerviosas y con las moléculas fotorreceptoras dirigidas hacia adelante, todo lo contrario de lo que ocurre en vertebrados. Debido a ello nosotros tenemos un punto ciego (donde el nervio óptico se conecta al ojo) y es fácil que nuestra retina se desprenda. Los tipos de células fotorreceptoras también varían mucho en las distintas estirpes.
Los grandes hitos en la evolución de la detección e interpretación de la luz han sido los siguientes. Lo primero fue la creación de pigmentos fotosensibles que sirvieran para orientar a los organismos hacia lugares con condiciones óptimas. Estos aparecieron casi al tiempo que los organismos más simples, bacterias y arqueas. En algunas algas y protozoos aparecieron ya orgánulos subcelulares oculares hace quizá unos 1.500 millones de años. Los ojos simples aparecieron en los cnidarios hace 700 millones de años, quizá por mediación de fenómenos como la endosimbiosis con otros organismos o la transferencia horizontal de genes (este paso es muy complicado para que se produzca por una o varias mutaciones puntuales). Todos los animales de simetría bilateral comparten un ojo con características básicas universales, por lo que éste aparecería por primera vez en el antecesor común de todos ellos, un acelo, un gusano muy simple. Éste ya poseía hace unos 600 millones de años la proteína Pax6, que es un regulador maestro de las primeras etapas de la formación de los ojos. A partir de ahí se desarrollaron vertiginosamente multitud de innovaciones y perfeccionamientos en los ojos, tanto en su óptica como en su hardware y software.
Introducimos estos términos informáticos porque los ojos evolucionados se parecen más a una cámara digital que a una tradicional. Las capas de células nerviosas de la retina constituyen un potente sistema de filtrado y reelaboración de la información antes de transmitirla al cerebro a través del nervio óptico. Las imágenes son manipuladas por varias redes neuronales de funcionamiento similar al de los programas de retoque fotográfico, que aumentan el contraste, establecen las líneas de los contornos, completan los huecos, crean colores (como el amarillo), rechazan datos innecesarios, etc.

Animales pleistocénicos del rancho La Brea, en California: Smilodon, Teratornis y una especie extinguida de caballo (Charles R. Knight)
Paisaje de Marte
La "Cascada de Sangre", en la Antártida
Recientemente se han realizado varios descubrimientos de microorganismos terrestres que prosperan en ambientes "poliextremos", en los que no sólo se da algún condicionante ambiental que lleva la vida al límite, sino varios a la vez (frío, salinidad, elevada radiación UV, etc.). La presencia de vida en estos ambientes alienta la esperanza de que haya microorganismos también en Marte, donde prevalecen condiciones similares.
1. 7-7-2.010 (De "Noticias de la ciencia y la tecnología")
Un equipo de científicos ha descubierto que ciertas
bacterias que se alimentan de metano sobreviven en un insólito manantial situado en la
Isla Axel Heiberg en el extremo norte canadiense. El manantial Lost Hammer alberga vida microbiana y es similar en varios aspectos a los
posibles manantiales pasados o actuales de Marte.
El agua del manantial es tan salada que incluso a temperaturas muy por
debajo de cero no se congela. Tampoco contiene oxígeno consumible. Sin
embargo, hay grandes burbujas de metano que emergen a la superficie, lo
que despertó la curiosidad de los investigadores por determinar si el gas
era producido geológica o biológicamente, y si algo podría sobrevivir en
este entorno hipersalino y extremadamente frío.
Los investigadores no hallaron en el manantial bacterias productoras de
metano, por lo que éste debe producirse geológicamente. Sin embargo en el manantial existen singulares
organismos anaerobios que sobreviven consumiendo esencialmente metano y al
parecer respirando sulfato en vez de oxígeno.
Muy recientemente se ha descubierto que hay metano y agua congelada en
Marte. Fotos tomadas por el Mars Orbiter muestran formaciones de lo que
quizá podrían ser manantiales como el Lost Hammer.
La cuestión clave no es el origen del metano. Lo importante es que si
existe agua muy fría pero también lo bastante salada como para escapar a
la congelación, ese medio acuático hipersalino potencialmente podría
albergar una comunidad microbiana, incluso en el ambiente extremo de
Marte.
Aunque la isla Axel Heiberg es ya de por sí un lugar inhóspito, el
manantial Lost Hammer lo es aún más, rivalizando con algunas zonas del
planeta rojo. Hay lugares en Marte donde la temperatura no es muy fría,
oscilando entre 10 grados centígrados bajo cero y 0 grados, e incluso
subiendo por encima de 0, mientras que en Axel Heiberg la temperatura
desciende fácilmente a 50 grados bajo cero. El manantial Lost Hammer es el
entorno más salado y frío descubierto hasta la fecha.
2. 12-8-2.010 (de el periódico "El Mundo" on-line)
Un lago de la provincia de Catamarca, al noroeste de Argentina, puede dar pistas sobre cómo comenzó la vida en la Tierra y cómo se podría vivir en otros planetas, ha explicado un equipo del Consejo Nacional de Investigación Científica de Tucumán. Sus integrantes encontraron millones de "super" bacterias en el interior de un espejo de agua, situado en el centro de un cráter volcánico gigante, a más de 4.700 metros sobre el nivel del mar y que posee muy poco oxígeno.
El hábitat de las bacterias es similar al de la Tierra primitiva, antes de que los organismos vivieran y respiraran en una protectora atmósfera con oxígeno por todo el planeta. Las condiciones de esta laguna, llamada 'Diamante', incluyen altos niveles de arsénico y alcalinidad.
"Además de ser una ventana para mirar hacia nuestro pasado, estas lagunas y las bacterias que sobreviven en ellas, guardan el secreto de mecanismos de resistencia a condiciones extremas que pueden tener muchas aplicaciones biotecnológicas", dijo María Eugenia Farías, parte del quipo que descubrió las formas de vida en el lago Diamante a principios de este año. Si las bacterias pueden sobrevivir aquí, añade la investigadora, podrían sobrevivir en un lugar como Marte.
Las características de estas bacterias, denominadas "poliextremófilas", son excepcionales ya que prosperan en las más difíciles circunstancias. "Lo que tenemos aquí es una serie de condiciones extremas todas juntas y es eso lo que hace al hallazgo único en el mundo", dijo Farías.
El lago tiene un nivel de arsénico 20.000 veces superior al considerado seguro para el agua potable y su temperatura a menudo está bajo el nivel de congelación. Pero, como el agua es tan salada, cinco veces más que el agua de mar, el hielo nunca se forma.
"Por ejemplo, estas bacterias están muy expuestas a la radiación ultravioleta y su DNA muta mucho, entonces los mecanismos que usan ellas para sobrevivir a estas mutaciones pueden ser aplicados en la industria farmacéutica", señaló Farías.
3. 31-5-2.010 (de "Noticias de la ciencia y la tecnología")
En muchos aspectos, la Laguna Don Juan, en los Valles Secos de la
Antártida, es uno de los lugares más "extraterrestres" de la Tierra. La
laguna es nada menos que 18 veces más salada que los océanos de nuestro
mundo y prácticamente nunca se congela, incluso a temperaturas del orden
de los 40 grados Celsius bajo cero.
Un equipo de investigadores dirigido por biogeoquímicos de la Universidad
de Georgia ha descubierto en el lugar un mecanismo químico para la
producción de óxido nitroso, un importante gas con efecto invernadero. Ese
mecanismo era desconocido hasta ahora. Lo más importante posiblemente sea
que el descubrimiento podría ayudar a los estudiosos de Marte a reconocer
lagunas saladas similares en el planeta rojo y a comprender lo que
implicaría la presencia de tales lagunas en ciertos lugares.
La investigación agrega una nueva e interesante variable al conjunto
creciente de evidencias de que hubo, y todavía puede haber, agua en estado
líquido en Marte. El nuevo hallazgo podría ayudar a los científicos a desarrollar
sensores para detectar esas lagunas saladas en Marte.
Tal como señala la investigadora Samantha Joye, los suelos y las aguas
saladas de la laguna, así como los tipos de rocas que la rodean, son
similares a los existentes en Marte o que se cree que pueden existir allí.
Aunque el equipo
de investigación no detectó ningún "gas biológico" como el sulfuro de
hidrógeno y el metano, sorprendentemente sí detectaron altas
concentraciones de óxido nitroso, el cual suele ser un indicador de
actividad microbiana, pero que en este caso no podía serlo.
La laguna, que es una cuenca de cerca de 1.000 por
400 metros, es, con gran diferencia, la masa de agua más salada de la
Tierra; basta decir que es unas ocho veces más salada que el Mar Muerto.
Los investigadores se sorprendieron al constatar que, incluso sin
formas de vida presentes, detectaban óxido nitroso.
La explicación que han hallado es que una serie de reacciones entre el
agua salada y las rocas genera una amplia gama de productos, incluyendo
óxido nitroso e hidrógeno. Además de en la Laguna Don Juan, este novedoso
mecanismo podría existir igualmente en otros entornos de la Tierra y
también podría servir como un componente importante del ciclo de nitrógeno
en Marte y como una fuente de combustible (hidrógeno) para dar soporte a
la quimiosíntesis microbiana.
4. 27-5-2.009 (de "Noticias de la ciencia y la tecnología")
Según una nueva investigación, un depósito inexplorado de un líquido
salobre similar químicamente al agua de mar, pero sumergido bajo un
glaciar en el interior de la Antártida, parece sustentar vida microbiana
inusual en un lugar donde el frío, la oscuridad y la carencia de oxígeno
hacían creer hasta ahora a los científicos que nada podría sobrevivir.
Después de tomar muestras y analizar el flujo líquido de salida bajo el
Glaciar Taylor, un glaciar de la Capa de Hielo de la Antártida Oriental en
los Valles Secos de McMurdo, los investigadores creen que, con la ausencia
de suficiente luz para realizar la fotosíntesis, los microbios se han
adaptado a manipular compuestos de azufre y hierro para sobrevivir durante
el último millón y medio de años.
Los microbios son, además, de naturaleza notablemente similar a especies
encontradas en entornos marinos. Esto sugiere que esa población bajo el
glaciar es el remanente de una población de microbios mayor que en su día
vivió en un fiordo o en el mar, recibiendo luz solar. Muchos de estos
linajes marinos probablemente sufrieron un declive, mientras que otros se
adaptaron a las condiciones cambiantes cuando el Glaciar Taylor avanzó,
cerrando el sistema bajo una capa gruesa de hielo.
Los Valles Secos están entre los desiertos
más extremos de la Tierra. Los Valles reciben sólo 10 centímetros de nieve
al año como promedio. A pesar de la escasez de precipitaciones, durante el
verano de la Antártida, las temperaturas ascienden lo suficiente para que
una porción del hielo comience a derretirse. El agua del deshielo forma
arroyos que entran en lagos cubiertos por hielo.
La científica Jill Mikucki y sus colegas basaron sus análisis en muestras
tomadas en las Cataratas de Sangre, una formación de nombre ominoso pero
acertadamente descriptivo, ya que posee características que la hacen
parecer una cascada, al borde del glaciar, fluyendo irregularmente, y a
menudo presenta una brillante tonalidad roja, que destaca de modo notable
contra el fondo blanquecino de las masas de hielo.
La vida bajo el Glaciar Taylor podría ayudar a los científicos a responder
preguntas sobre la vida en otros entornos hostiles, incluyendo los lagos
subglaciales de la Antártida y quizás hasta en otros astros helados del
sistema solar, tales como el subsuelo bajo masas de hielo marcianas o el
océano bajo la corteza de hielo de la luna de Júpiter Europa.
Un equipo investigador ha identificado rocas que podrían contener restos
fosilizados de vida en Marte.
Las primitivas rocas se encuentran en el área Nili Fossae, una de las zonas
contempladas para el amartizaje de la futura sonda Mars Science Laboratory
prevista para 2011, y cuya misión será precisamente analizar la habitabilidad
del planeta rojo.
La zona presenta unas características muy similares a la región del noroeste de
Australia donde se encontraron unos de los indicios más antiguos de vida sobre
la Tierra, enterrados y conservados en forma mineral.
El equipo investigador del Instituto de búsqueda de inteligencia extraterrestre
o Seti (Search for Extraterrestrial Intelligence Institute), en California,
considera que los mismos procesos hidrotermales que conservaron las marcas de
vida en las rocas australianas se pudieron dar en Nili Fossae en el pasado.
El descubrimiento en 2008 de carbonato en las rocas de Nili Fossae en Marte
revolucionó a la comunidad científica, ya que esta molécula era la prueba última
de que el planeta rojo podía haber albergado vida.
La nueva investigación ha relacionado las características de las rocas
marcianas, recogidas por infrarrojos desde el espectrómetro CRISM que orbita el
planeta, con las rocas de la zona Pilbara, en el noroeste australiano.
Los investigadores piensan que ciertas bacterias provocaron la formación de las
láminas de estromatolitos en Pilbara, comparables -en términos minerales- a las
primitivas rocas de Marte.
"Bajo esa zona [de Marte] es donde hay que buscar los indicios de vida; podría
estar enterrada bajo esas rocas", afirma Adrian Brown, investigador del Seti.
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