Mostrando entradas con la etiqueta Comportamiento animal. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Comportamiento animal. Mostrar todas las entradas

miércoles, 26 de diciembre de 2012

¿Existe el canibalismo sexual?

 
 
"Teresa la marquesa, chiribí, chiribesa, ven a poner la mesa, chiribí, chiribesa, que viene tu marío, con el palo encendío, a perder la cabeza." Cancioncilla que se cantaba en un baile de corro en Cabra, en la Subbética cordobesa, España (información de Lola Salido Pérez).


"Teresa, pon la mesa, que viene tu marío y te corta la cabeza". Ésta es otra versión que he recogido yo en otro pueblo de la Subbética, en Priego. Lo decían las niñas cuando veían a una mantis.


La conocida imagen de la mantis religiosa decapitando al macho está como vemos muy arraigada en la cultura popular, y es seguramente la curiosidad zoológica más comentada en conversaciones informales. Pero según un artículo de Stephen Jay Gould, podría corresponder a un hecho muy anecdótico e infrecuente en la naturaleza: "Sólo quedaron sus alas" (artículo por lo demás muy interesante por otros muchos temas que trata).

Afortunadamente para las niñas a las que aún les gustan los juegos tradicionales, sus dudas espolearon la presentación de artículos que aportan numerosas pruebas de que el canibalismo sexual existe en bastantes especies de artrópodos: "Canibalismo sexual en los animales", de Fernando G. Costa.

martes, 18 de diciembre de 2012

Seis motivos para ser travesti (o bisexual)

Poecilia mexicana

Las películas con argumento basado en el travestismo suelen ser malas (una notable excepción es, por ejemplo, “Con faldas y a lo loco”). Nuestros caracteres sexuales secundarios son tan marcados que es difícil confundir a un hombre travestido con una mujer o viceversa. Pero la capacidad de discriminación de los animales no es tan refinada y el travestismo está extendido en muchos grupos y es un recurso que se usa con variados propósitos.

No he encontrado casos de hembras que recurran a esta conducta, aunque es probable que aparezca en grupos en que las hembras son las que compiten por los machos (por ejemplo, algunos ortópteros y aves limícolas). El motivo principal por el que los machos adoptan aspecto y conducta femeninos es el de calmar la agresividad de otros machos. Esta motivación aparece en casi todos los grupos animales y es frecuente en los mamíferos. Los machos derrotados o inferiores en la jerarquía adoptan posturas femeninas con un significado de sumisión.

Por ejemplo, en ciertos escarabajos estafilínidos, los machos más débiles producen aromas femeninos para evitar ataques de los más fuertes. Cardiocondyla obscurior es una astuta hormiga que vive en zonas tropicales. La doctora Sylvia Cremer y sus colaboradores de la Universidad de Regensburger han comprobado que los machos alados de esta especie se hacen pasar por hembras para evitar combates agresivos con otro tipo de machos, sin alas pero dotados de mandíbulas especialmente poderosas. La estrategia de los machos débiles consiste en emanar un irresistible perfume femenino que les hace creer a otros machos que se encuentran ante una hembra virgen. Este truco es tan eficaz que los machos engañados montan a las hormigas travestis. Los investigadores han comprobado que, al final, las hormigas travestis sin duda salen ganando, ya que consiguen copular con el mismo número de hembras que los demás machos, sin tener que jugarse la vida en agresivos combates a muerte.

Lo más común es que los machos más débiles consigan fecundar a menos hembras que los fuertes, pero si son espabilados y astutos también pueden triunfar en bastantes ocasiones. En varias familias de peces (góbidos, cíclidos, etc) los machos fuertes logran conquistar territorios a los que las hembras acuden para que sus huevos sean fecundados por estos individuos con buenos genes. Pero algunos machos que no han ganado su territorio adquieren entonces la coloración y la forma de nadar de las hembras, con lo que es permitida su entrada en el territorio del macho dominante. Depositan su esperma cerca de las hembras allí concentradas y escapan pronto, antes de que el dominante se dé cuenta del vil engaño. Otro caso curioso es el del pulpo Abdopus aculeatus, de Indonesia, que presenta tres categorías de machos. La primera es la de los más grandes, llamados guardianes, que se mantienen cerca de su pareja y la siguen mientras avanzan. Cualquier intruso es tratado severamente, hasta el punto en que en algunos casos se usa la estrangulación. Un segundo grupo de machos optan por un acercamiento más itinerante, viajando y cortejando a las hembras cuando las encuentran. Tal y como hacen los guardianes, ellos utilizan su cuerpo rayado para mostrar su virilidad. Los machos más débiles, que son llamados furtivos, se disfrazan de hembras, por temor al latigazo de los tentáculos de sus competidores. Cambian los dibujos de su cuerpo y nadan de manera más femenina, lo que les permite moverse sin ser descubiertos.

 Un tercer motivo para ser un travesti es reducir las posibilidades de reproducción de otros machos. Algunos machos en ciertas especies de tritones impiden las cópulas de otros. Un macho puede imitar el comportamiento de una hembra, induciendo a otro a desperdiciar su espermatóforo (paquete de esperma). En cuanto el macho engañado deposite su espermatóforo, dejará de representar una competencia para el imitador.

La costumbre de los machos de algunos grupos, como ortópteros y moscas escorpión, de ofrecer regalos alimenticios a las hembras, propicia la aparición de un travestismo de rapiña. Randy Thornhill, de la Universidad de Nuevo México, en el curso de una investigación de seis años sobre el cortejo de las moscas escorpión, descubrió machos imitando a las hembras. En principio, Thornhill había observado a la Hylobittacus apicalis con la esperanza de comprender sus criterios para seleccionar a una pareja. Como era de esperar, la hembra prefiere a los machos que les hacen grandes ofertas de comida. Ésta guarda los genitales fuera de su alcance mientras valora el obsequio. Si le parece muy pequeño o poco nutritivo, se va volando antes de copular o sólo copula un corto rato. Pero las hembras no son las únicas que comen. Un macho hambriento que se encuentra con otro que está exponiendo su presa imita la conducta femenina a fin de conseguir una comida rápida y fácilmente. Para fingir, baja las alas, menea el abdomen del modo característico de una hembra y retrae los genitales. A veces, no se come la comida, sino que va a ofrecérsela a una hembra. A pesar de que todos los machos de esta especie tienen la habilidad de volverse travestis, su conducta depende de la situación. Si un macho es el primero en descubrir un bicho tentador, se lo comerá. No obstante, si primero encuentra a otro macho con presa (o a una pareja copulando y con presa), intentará llevársela.

 Una quinta modalidad de travestismo es puramente una estrategia de supervivencia. Los machos de la culebra rayada de Norteamérica emiten los olores típicos de las hembras al final de la etapa de hibernación, para que otros machos se enreden con ellos, formando un gran amasijo que reduce la pérdida de calor y facilita la entrada en actividad. Estos machos adoptan la actitud tolerante del conductor de la lancha del final de “Con faldas y a lo loco". Al fin y al cabo, como dice él, “nadie es perfecto”.
 
Hace pocos días, investigadores de la universidad de Frankfurt han publicado resultados que sugieren que adoptar un comportamiento homosexual incrementa el éxito de los machos del pez Poecilia mexicana con las hembras. Las hembras valoran esta actividad sexual como un indicativo de fortaleza y buena salud, y prefieren a los machos que realizan mucho el acto sexual, sin importar mucho con qué sexo se realice, a aquellos que lo realizan poco.
 
Como vemos, la selección natural ofrece complejos caminos para favorecer la aparición de conductas en apariencia poco adaptativas. Incluso la homosexualidad estricta puede tener ventajas en ciertos contextos, sobre todo en organismos que manifiesten un comportamiento cooperador y flexible, como el caso de los humanos.

(Versión actualizada de un artículo publicado en mi página "Fieras, alimañas y sabandijas").

miércoles, 21 de abril de 2010

¿Son los cuervos más listos que los primates no humanos?



Hoy he encontrado en BBC Ciencia una noticia muy interesante. Aquí la presento resumida:

Cuervos de Nueva Caledonia, en el Océano Pacífico, les han dado a los científicos una nueva exhibición de su destreza en el uso de herramientas.

Investigadores de la Universidad de Auckland, en Nueva Zelanda, encontraron que estas aves son capaces de usar tres herramientas en serie con el fin de conseguir alimento.

Los cuervos, que utilizan herramientas en la naturaleza, también han mostrado otras habilidades en la resolución de problemas, pero este hallazgo indica que son más innovadores de lo que se pensaba.

El equipo se dirigió a la isla de Nueva Caledonia -ubicada en el sudoeste del Océano Pacífico -, el hogar del Corvus moneduloides, las únicas aves conocidas que crean herramientas en la naturaleza.

El descubrimiento de que estos pájaros cortan las ramas en pedazos más pequeños y las convierten en ganchos, además de rasgar las hojas para utilizarlas como sondas afiladas con el fin de extraer comida de rincones difíciles de llegar, asombró a los científicos quienes previamente habían pensado que la capacidad para crear herramientas era exclusiva de los primates.

Los experimentos demostraron que las aves pueden crear nuevas herramientas a partir de materiales desconocidos para ellas, así como usar una serie de herramientas de manera sucesiva.

Para entender mejor cómo las aves realizan estas tareas, el equipo de la Universidad de Auckland planteó a siete cuervos salvajes -que habían sido capturados temporalmente y colocados en un aviario- un problema complicado.

A las aves se les presentaron algunos alimentos fuera de su alcance.Disponían una herramienta larga, que podría ser utilizada para extraer el alimento, pero que no era fácil de utilizar para los cuervos, pues estaba escondida detrás de los barrotes de una caja.

Igualmente había una herramienta corta, que podría ser empleada para extraer la herramienta larga. Sin embargo, ésta estaba colocada al final de un pedazo suelto de cuerda que, a su vez, estaba atado a la percha del cuervo.

El profesor Russell Gray, de la Universidad de Auckland, explicó: "Era necesario que los cuervos entendieran que necesitaban la herramienta corta colocada sobre el trozo de cuerda para poder obtener la herramienta larga y luego usarla para conseguir el alimento".

Las siete aves fueron divididas en dos grupos. A las aves del primer grupo se les dio la oportunidad de ensayar cada paso individual durante la instalación de la prueba y antes de que se les presentara la tarea completa de múltiples etapas.

"Todo lo que estas aves tenían que hacer era juntar cosas que ya podían hacer en la secuencia correcta", indicó el profesor Gray.Cada una de las tres aves logró resolver el problema de tres etapas en su primer intento.

A un segundo grupo de aves se les presentó una situación menos familiar. Si bien se habían presentado tareas donde los alimentos estaban atados directamente a cuerdas, y las ramas podían ser utilizadas para alcanzar los alimentos, nunca se les había presentado una situación en la que una herramienta estaba vinculada a la cuerda o donde una herramienta era necesaria para obtener una segunda herramienta.

Sin embargo, cuando se les presentó la tarea de múltiples etapas, estas aves también se las arreglaron para alcanzar su alimento.Un pájaro, Sam, pasó 110 segundos inspeccionando el aparato antes de completar cada uno de los pasos sin ningún error. Otra ave, Casper, también completó las tareas en su primer intento, aunque inicialmente la cuerda lo desconcertó.Las otras dos aves resolvieron el problema en el tercer y cuarto intento.

Los investigadores indicaron que los experimentos están ayudando a arrojar luces en torno a cómo los cuervos llevan a cabo estas complicadas tareas.

Según Taylor, mientras el uso o la creación de una sola herramienta podría basarse en simples procesos de aprendizaje, resolver un conjunto de problemas relacionados, sugiere que la base de la innovación de los cuervos es mucho más compleja.



Los cuervos de Nueva Caledonia forman parte de la familia de los córvidos, aves en cuyo grupo se incluyen los cuervos, los grajos, las cornejas, los arrendajos o charas y las urracas.

Los córvidos son más innovadores de lo que se pensaba. A los científicos les ha sorprendido encontrar charas Pecho Rayado que intentan engañar a sus aves compañeras pretendiendo enterrar la comida mientras están siendo observadas, arrendajos que realizan hazañas notables de memoria, y posiblemente incluso el auto reconocimiento en las urracas.

Estudios más recientes también han encontrado que los grajos también son capaces de crear y utilizar herramientas, a pesar de que, a diferencia de los cuervos de Nueva Caledonia, no se les ha visto usarlas en la naturaleza.

Y estas aves también han sorprendido a los científicos con sus habilidades para resolver problemas - más recientemente, se ha demostrado que pueden hacer algo similar a lo que se cuenta en la fábula de Esopo "El cuervo y el cántaro", es decir, que el cuervo arroja piedras dentro de un cántaro para elevar el nivel del agua y así poder agarrar a un gusano que flotaba. Para llegar a esta idea luminosa, incluso nosotros tenemos que cavilar un rato.

Como no soy modesto, recomiendo la lectura de tres artículos míos relacionados:

Las herramientas de los animales, La inteligencia de los pájaros de mal agüero y El sentido del humor en los animales.

miércoles, 17 de marzo de 2010

El must de los elefantes



Cuando en las películas y documentales se ven elefantes enfurecidos, que se abalanzan sobre las aldeas a plena luz del día y embisten a la gente e incluso a los coches, se habla de que han “enloquecido”, pero no es exactamente eso lo que pasa. Lo más probable es que se trate de un elefante macho (puede ser tanto africano como asiático), que sufre un episodio de must. Este fenómeno es uno de los enigmas más desconcertantes de la conducta de los elefantes.

El must es una condición más o menos periódica en los elefantes machos, caracterizada por una conducta altamente agresiva (a veces agreden a otros grandes animales, como rinocerontes o jirafas), acompañada por un gran incremento en las hormonas reproductivas (los niveles de testosterona en un elefante en must pueden ser hasta 60 veces mayores que en el mismo elefante en otra época). Sin embargo, no se sabe si este cambio hormonal es la única causa del must o simplemente un factor contribuyente (es exagerado y quizá no muy oportuno comparar el must con el síndrome premenstrual femenino, en que muchas mujeres se muestran más agresivas que de costumbre, pero no he podido evitar la asociación de ideas). La investigación científica del must es muy difícil porque, durante él, incluso el más plácido de los elefantes puede tratar de matar humanos.

Los episodios de must suelen ser estacionales, ocurriendo preferentemente en invierno. Esto hace que no se pueda vincular claramente al must con el celo, ya que el ciclo estral de las elefantas no es estacional y los elefantes están siempre disponibles para cubrirlas. Los elefantes en must sí que muestran un mayor apetito sexual e intentan aparearse con las elefantas sin mirar si éstas están en celo o no, y a veces las agreden si no les permiten copular (esto se ha observado sobre todo en elefantes en cautividad). De acuerdo a algunas observaciones, las elefantas más viejas de una manada dejan pasar a los machos en must cuando una hembra del grupo está en celo, y bloquean el paso a los machos más jóvenes, que aún no han entrado nunca en el estado de must (entran por primera vez a los 15-20 años). Los elefantes asiáticos salvajes frecuentemente entran en must durante la estación de las lluvias, cuando tienen problemas para acceder a la comida y los días son más más cortos (la secreción de hormonas frecuentemente está relacionada con la duración del día).

Frecuentemente, los elefantes en must descargan una secreción ocre y espesa como el alquitrán llamada temporina desde los canales temporales a los lados de la cabeza. La composición de la temporina no está bien caracterizada, debido a las enormes dificultades para recoger muestras. Muestras de temporina y orina recogidas a elefantes de zoológicos muestran que contienen elevadas concentraciones de sustancias olorosas como cetonas y aldehídos. La agresividad de los elefantes puede estar causada en parte por la exposición a la temporina, que resbala hasta sus bocas. Otro factor contribuyente puede ser la hinchazón de las glándulas temporales, que presionan sobre los ojos, lo que causa un dolor agudo. Los elefantes en must frecuentemente se ponen a escarbar en el suelo con sus colmillos, se supone que para contrarrestar este dolor.

El must está relacionado con el despertar sexual y el establecimiento de relaciones de dominancia entre los elefantes macho, aunque está relación es difusa y está lejos de esclarecerse. Los ataques de los elefantes machos a otros grandes animales en África han sido atribuidos a machos jóvenes, sobre todo a los que han crecido en ausencia de machos viejos. La introducción de machos mayores, de rango más alto en la jerarquía, inhibe la presentación del must en los machos más jóvenes. El must podría ser una adaptación para evitar la endogamia. Si siempre fuera el mismo macho el que inseminara a la mayoría de las hembras, caería la diversidad genética y podrían manifestarse mutaciones letales. La agresividad que provoca en los machos el must podría ser un estímulo para fomentar los combates y el cambio frecuente en los rangos de dominancia de los elefantes. Además, los elefantes en must suelen ser respetados por los no afectados.

El periodo álgido del must suele durar un mes (precedido de unas tres semanas de agitación creciente) y es seguido de otro periodo similar de agresividad decreciente. Los elefantes “adolescentes” (entre los 10 y los 20 años) suelen mostrar un must más breve (desde un par de días a una semana) y menos intenso. La intensidad y la duración del must van aumentando progresivamente a lo largo de los años y alcanzan un pico alrededor de los 30-40 años, para luego descender de nuevo. Los elefantes de más de 55 años raras veces muestran must (la naturaleza es sabia: ya no están para muchas peleas). En cautividad, los elefantes pueden permanecer en estado de must un año o más.

Los mahouts (cuidadores de elefantes indios) encadenan a los elefantes en must y los privan de comida y agua durante algunos días, o bien los someten a una dieta muy estricta. Así, reducen el must a una semana o menos. También se usan algunos fármacos con este fin, como la xylazina y el acetato de leuprolide.

jueves, 8 de octubre de 2009

El arte de la seducción en los pinzones cebra




Pinzón cebra o diamante mandarín

Hoy me he encontrado con esta sorprendente noticia en BBC Ciencia (la he resumido y adaptado un poco):

“Una investigación publicada en Proceedings B, la revista de la Royal Society del Reino Unido, estudió las preferencias de pareja de hembras de diamante mandarín o pinzón cebra (Taeniopygia guttata), un ave paseriforme originaria de Australia muy popular, ya que se vende en las pajarerías de todo el mundo.

Su principal resultado es que: “las hembras de bajo nivel prefieren aparearse con machos de bajo nivel.” Descubrieron que las hembras de baja calidad (medida en sus características más importantes, como metabolismo, longevidad y atractivo) preferían el canto de machos de la misma baja calidad y también a los machos de bajo nivel en la jerarquía.

Los biólogos evolutivos pensaban que las hembras siempre optaban por los mejores machos disponibles, pero el estudio, dirigido por Marie-Jeanne Holveck, del Centro de Ecología Funcional y Evolutiva en Montpellier, Francia, demostró lo contrario.

Los investigadores lograron reproducir diamantes mandarín de alta y baja calidad simplemente cambiando el tamaño de la nidada en que las aves fueron puestas. Las parejas de calidad similar se reproducen de forma más rápida, produciendo huevos más rápido que las parejas de distinta calidad. Se supone que esto se debe principalmente a que dos individuos similares se aceptan más rápido.

Tal como explicó la investigadora a la BBC "en las nidadas más grandes hubo más competencia entre los polluelos". "Así que los grupos más grandes produjeron polluelos de menor calidad".
La doctora Holveck y su equipo estudiaron después la preferencia en machos de las crías hembras. La prueba fue llevada a cabo así porque las aves paseriformes cantan, y el canto es una señal reproductiva importante para las hembras.

"Las entrenamos en una jaula en la que debían picotear dos teclas, y cada vez que picoteaban una tecla ésta tocaba el canto de un macho" dice la investigadora. Una de las teclas tocaba el canto de un macho de alta calidad y la otra el canto de un macho de baja calidad.

"Creo que es una prueba poderosa, porque es la propia hembra la que nos dice qué es lo que desea escuchar" dice la doctora Holveck.

“Las hembras de baja calidad repetidamente picoteaban la tecla que tocaba el canto del macho de baja calidad, y viceversa”, agrega.

En la segunda parte del experimento, los investigadores descubrieron que las preferencias de los cantos "se traducían a la preferencia por el macho en vivo".

"Lo más sorprendente es que las hembras son capaces de reconocer la categoría a la que pertenecen. Y ahora queremos investigar más para saber cómo lo hacen", explica Holveck.

Por su parte, Joseph Tobias, zoólogo de la Universidad de Oxford, cree que el estudio es interesante.

"Aunque esto no echa por tierra a la teoría evolutiva, sí revela algunos cambios interesantes en las decisiones de reproducción".

"También plantea la fascinante posibilidad de que el ambiente en el que los individuos crecen influye fuertemente en sus preferencias de pareja cuando son adultos", expresa el investigador.”

(Nota aparte: entre las grajillas, un macho de alto rango puede escoger una hembra de rango inferior, pero lo contrario nunca sucede: un macho de bajo nivel nunca cortejará a una hembra de nivel superior. Esto lo cuenta Konrad Lorenz en un texto que recomiendo vivamente, el capítulo “Sempiternos camaradas”, de su libro El anillo del rey Salomón, en el que habla de las complejísimas relaciones sociales en las grajillas, con apartados absolutamente fascinantes acerca de las relaciones entre status social y elección de pareja. En realidad recomiendo todo el libro, que no tiene el menor desperdicio.)

No es casualidad que estos resultados hayan sido obtenidos en los pinzones cebra, ya que son utilizados habitualmente en investigaciones sobre conducta animal, debido a la facilidad con que se reproducen en cautividad. Se han publicado otros muchos resultados interesantes acerca de su vida reproductiva.
En una ocasión, unos investigadores de la Universidad de California reunieron dos grupos de hembras, el primero formado por aquellas que habían tenido pareja durante un tiempo, y el segundo por otras que no. Cada ejemplar fue colocado en una jaula equipada con tres altavoces dispuestos a cierta distancia uno del otro, de los cuales salían cantos de pinzones machos, unos de cortejo y otros carentes de esa finalidad, que entonan cuando no hay hembras presentes. A continuación, filmaron a las hembras con objeto de conocer cuánto tiempo pasaban junto a cada altavoz escuchando los cantos.

La primera conclusión fue que todas las hembras de ambos grupos pasaron más tiempo cerca de los altavoces que emitían canciones de cortejo.

Segunda conclusión: las hembras 'emparejadas' preferían los trinos que les sonaban familiares (habían sido entonados por sus compañeros), prueba de que la experiencia deja huella en el gusto musical de esas aves.

Tercera: las pájaras demostraron poseer un oído especial para los detalles de las canciones, pues eran especialmente sensibles al grado de variabilidad en el tono de las notas, evidenciando una mayor preferencia por los cantos de cortejo que menos pasaban de los agudos a los graves y viceversa.

Descubrieron además que los machos modulan su tonada cuando tienen el propósito de copular con una hembra o formar pareja. Se trata de una variación extremadamente sutil, no tanto en la clase de notas o en la melodía como en su duración, 'tempo' y modo de presentación. Cuando pretenden impresionar a una hembra cantan más rápido y en un tono más uniforme mientras danzan alrededor de ella.

Al analizar las canciones con un programa informático, resultó que en esas circunstancias los machos entonan canciones más estereotipadas porque las hembras las prefieren así. "Las preferencias de estas últimas modulan la conducta vocal de los machos a lo largo de la evolución", apunta Sara Woolley, una de las autoras del trabajo publicado en 'Plos Biology'.

A continuación, los expertos examinaron el cerebro de las hembras y encontraron dos áreas que intervienen en el reconocimiento de las canciones: una de ellas reacciona según se trate de canciones de cortejo o no; y la segunda según sean familiares o no.

Evidentemente, si eres un pinzón cebra macho (o también otro pájaro, o pez, o anfibio o reptil o ser humano), para poder aparearte debes “estar a la moda”, presentar los rasgos que una población de hembras considera atractivos en un momento determinado. La selección de estos rasgos es desbocada. Un macho que presente un carácter algo llamativo, puede atraer a algunas hembras. Los descendientes machos de estos cruces heredarán el rasgo atractivo del padre y las hijas, las preferencias de la madre, con lo que la selección de rasgos cada vez más llamativos se alimenta a sí misma. Los caracteres se desarrollan tanto que llegan a comprometer la supervivencia de los machos (colas desmesuradas, colores estridentes, etc.). Por otro lado, las hembras suelen ser influidas por las elecciones de otras. Una hembra siempre busca incrementar su descendencia futura, por medio de hijos irresistibles para otras hembras. Por ello, muchas eligen a machos a los que han visto aparearse con otras, sobre todo si éstas tienen experiencia.

Pero los gustos de las hembras son caprichosos. Nancy Burley, una anilladora que pretendía seguir los movimientos en el campo de los pinzones cebra, encontró que las anillas de colores vistosos en los machos eran un estímulo arrebatador para las hembras. Este fenómeno quizá se debe a que las anillas realzan las manchas naturales del pájaro. Los investigadores pudieron manipular así el atractivo de los machos. Encontraron que los menos atractivos se esforzaban más en los cuidados paternales, para compensar. Quizá lo más sorprendente de todo fue que los machos atractivos producían más hijos que hijas, lo que claramente les beneficiaba para propagar sus genes. Lo que es un completo misterio es cómo manipulan las aves la proporción de sexos de la descendencia.

sábado, 3 de octubre de 2009

Enigmas (I): el juicio de los grajos


Grajo (Corvus frugilegus)

“En la gran planicie que forman las tierras de mi pueblo, de la parte de Molacegos del Trigo, hay una guerrilla de chopos y olmos enanos, donde al decir del Olimpio celebraban sus juicios los grajos en invierno. El Olimpio aseguraba haberlos visto por dos veces, según salía con la huebra al campo de madrugada. Al decir del Olimpio, los jueces se asentaban sobre las crestas desnudas de los chopos, mientras el reo, rodeado por una nube de grajos, lo hacía sobre las ramas del olmo que queda un poco rezagado, según se mira a la izquierda. Al parecer, en tanto duraba el juicio, los cuervos se mantenían en silencio, a excepción de uno que graznaba patéticamente ante el jurado. La escena, según el Olimpio, era tan solemne e inusual que ponía la carne de gallina. Luego, así que el informador concluía, los jueces intercambiaban unos graznidos y, por último, salían de entre las filas de espectadores tres verdugos que ejecutaban al reo a picotazos sin que la víctima ofreciera resistencia. En tanto duraba la ejecución, la algarabía del bando se hacía tan estridente y siniestra que el Olimpio, la primera vez, no pudo resistirlo y regresó con la huebra al pueblo. Cuando el Olimpio contó esta historia, Hernando Hernando dijo que había visto visiones, pero entonces el Olimpio dijo que le acompañáramos y allá fuimos todo el pueblo en procesión hasta el lugar y, en verdad, los grajos andaban entre los terrones, pero así que nos vieron levantaron el vuelo y no quedó uno. Hernando Hernando se echó a reír y le preguntó al Olimpio dónde andaba el muerto, y el Olimpio, con toda su sangre fría, dijo que lo habrían enterrado. Lo cierto es que dos años después regresó al pueblo con el mismo cuento y nadie le creyó. Yo era uno de los escépticos, pero, años más tarde, cuando andaba allá afanando, cayó en mis manos un
libro de Hyatt Verrill y vi que contaba un caso semejante al del Olimpio y lo registraba con toda seriedad.”

Esto relata Miguel Delibes en Viejas historias de Castilla la Vieja, un evocador conjunto de breves relatos sobre la vida rural en esa región española. Como no podía ser de otra forma tratándose de Delibes, la naturaleza está muy presente en el libro.

He mirado el artículo sobre Hyatt_Verrill en la Wikipedia (en inglés) y parece una fuente fiable, ya que fue explorador, escritor de temas de historia natural e hijo de un zoólogo eminente.

En busca de más conocimientos sobre este enigma, he buscado por internet y sólo he encontrado información en la página:

http://tontograve.blogspot.com/2007/04/el-misterio-de-los-grajos.html , donde se dice:

“Buscando en revistas viejas y libros empolvados de bibliotecas antiguas intentaba buscarle el significado al refrán “cría cuervos y te comerán los ojos”, frase misteriosa y traicionera que deja tan mal parados a estos pájaros que se visten con el color del universo.Y así fue como en una revista publicada por una editorial española (para los lectores de habla hispana, puesto que ya había una edición anterior a ésta en ingles) editada a finales del siglo anterior, me encontré con este texto:
“Los grajos son los córvidos más sociales, construyen grajerías con cientos de pájaros por árbol.Tienen suficientes lenguajes como para que los humanos sepan distinguir entre sus llamadas de peligro y de seguridad, pueden imitar el habla humana.Pero hay algo más, el misterio.Es un misterio del cual se derivan las expresiones colectivas que usamos con estos pájaros –“las urracas parlanchinas”, “cría cuervos y te sacaran los ojos”-, el misterio del parlamento de los grajos.

Tenemos un campo vacío. De pronto el cielo ennegrece de pájaros y caen como una lluvia negra sobre el campo y lo cubren por completo o casi por completo…En el centro del campo hay un lugar vacío y en medio de este lugar, un grajo solitario.

Grazna y chilla y grazna algo más en medio de diez mil pares de ojitos que le contemplan, sin parpadear. A veces gritan, como preguntando algo, es como un parlamento, es como un juicio.El grajo solitario sigue graznando y los demás esperan.Esto puede durar horas desde el amanecer hasta el crepúsculo.¿Y que sucede al final?Una de dos.A una señal, que los observadores humanos no han podido identificar, los pájaros levantan el vuelo al unísono y dejan al grajo solitario en el campo.O también al unísono, caen sobre el y a picotazos lo matan.Eso es lo que ocurre.”

En la página web se dice que en la revista se da una explicación a esta conducta, pero que se quiere retar a los lectores a encontrarla, pero luego no se aporta más información y el autor no contestó mi correo.

Una conducta parecida ha sido observada en grupos de chimpancés machos, normalmente huérfanos o expulsados de otros grupos. A veces, un individuo, probablemente el más débil o inadaptado a la vida social, es atacado por todos los demás miembros del grupo. Le dan una brutal paliza y es abandonado. Frecuentemente muere.

¿Podéis vosotros aportar más información sobre este intrigante fenómeno? ¿Por qué aparecen estas conductas en grupos aparentemente bien cohesionados? ¿Qué factores son los que determinan la agresión hacia un individuo concreto? Si sabéis más sobre el tema, por favor, comunicadlo en los comentarios. Gracias.


Nota: si pensáis que ésta es una conducta demasiado sofisticada para un córvido, podéis leer La inteligencia de los pájaros de mal agüero.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

Bueno para comer

Calyptra eustrigata, polilla que se alimenta de sangre

Los bichos son capaces de comer casi cualquier cosa imaginable. Cuando la necesidad aprieta (y en la naturaleza la necesidad es mucho más común que la abundancia) nadie hace ascos a nada. En un mundo de feroz competencia, muchos animales no tienen más remedio que aprovechar lo que otros desdeñan o que reciclar todo tipo de materia orgánica.

Los animales pueden ser contemplados ingiriendo cosas tan peregrinas como tierra, piedras, partes de su cuerpo, vomitaduras, lágrimas o congéneres. Algunas de estas conductas tienen un objetivo no alimentario. Las aves (como hacían los dinosaurios, según muestran los fósiles), ingieren piedras y toda clase de objetos duros para que les ayuden a triturar el alimento en sus buches. Algunas aves acuáticas tragan sus propias plumas, quizá para que las espinas de peces y caparazones de crustáceos no lastimen sus estómagos.

Muchos animales ingieren tierra para obtener sal (los elefantes, por ejemplo, son muy ávidos de ella) u otros nutrientes minerales. Se ha comprobado que la conducta de ingerir barro de ciertos loros les sirve para neutralizar algunas sustancias tóxicas de las plantas de las que se alimentan.

Los animales tienden a aprovechar cualquier materia que ellos han producido. Las arañas se comen sus telas cuando deben reemplazarlas, los insectos se comen a veces sus mudas de piel, las hembras de muchos mamíferos se comen la placenta para reciclar la materia orgánica (y también para eliminar señales olorosas que podrían delatar su presencia y la de sus crías), y los conejos y liebres se comen sus excrementos para realizar una segunda pasada por el tubo digestivo y extraer hasta la última partícula alimenticia. Algunos pulpos son capaces incluso de comerse algunos de sus brazos cuando el hambre aprieta.

Un congénere tuyo es una fuente adecuada de alimentos para ti, ya que está compuesto de lo que tú necesitas para vivir. Si consideras que un compañero tuyo ya ha cumplido su cometido biológico, estás en tu derecho de devorarlo. Ese es el razonamiento que aplican las hembras de las mantis y de muchas arañas cuando deciden comerse al macho durante el apareamiento o tras él (a veces antes). El canibalismo suele aparecer también cuando los padres devoran a las crías, en situaciones de escasez, de estrés o de sobrepoblación, o cuando adultos no emparentados consumen a los ejemplares jóvenes, a los que consideran un elemento indistinguible de su dieta. Estas prácticas están muy extendidas en animales como los peces, los reptiles y los arácnidos. Las madres escorpión parecen muy sacrificadas, siempre cargando con sus crías a la espalda, pero a las que se caigan se las comen. Pero no todos los padres son tan egoístas. En el ácaro parásito Adactylidium, las madres son devoradas desde el interior por las larvas (tienen que desarrollarse mucho porque se aparean dentro de la madre).

Las hembras de ciertas especies cuyos machos producen paquetes de esperma que dejan en el exterior, como algunos saltamontes y grillos, suelen comerse el esperma en lugar de permitir que las fecunde. Los machos deben entonces producir unos regalos alimenticios segregados por ellos mismos para entretenerlas.

El alimento que muchas crías de animales se ven obligadas a ingerir consiste en vomitaduras de sus padres. Muchas aves alimentan a sus polluelos con presas ya ingeridas, regurgitadas y medio descompuestas en sus estómagos. Suena espantoso, pero cuando ves un polluelo hambriento entiendes que no les hagan ascos. Además, algunas veces estos jugos gástricos no son tan desagradables. ¿Sabéis con qué alimentan las palomas y los flamencos a sus crías? Con un líquido regurgitado un tanto especial: leche, muy similar en su composición y aspecto a la de mamíferos, que tanto machos como hembras producen en sus buches, y cuya secreción está regulada por la misma hormona que en mamíferos, la prolactina. Las cecilias, anfibios viscosos y sin extremidades, alimentan con un tejido nutritivo que produce el oviducto a sus crías. Hace poco se ha descubierto que la hembra de la especie keniata Boulengerula taitianus alimenta a sus crías con una piel especial rica en nutrientes.

La carroña es un alimento al que recurren incluso los más orgullosos depredadores cuando las cosas pintan feas, pero existen muy pocos animales que estén verdaderamente especializados en ingerir carroña en avanzado estado de descomposición. Los buitres y otros animales carroñeros aguantan prácticamente lo que les echen. Sus jugos gástricos ácidos extremadamente potentes inactivan casi cualquier bacteria o virus. Algunos carroñeros poseen enzimas específicas para degradar las toxinas botulínicas de los cadáveres (los venenos más potentes conocidos) o reflejos de vómito muy sensibles a su presencia. La orina de los buitres posee ácido úrico y amoníaco, agentes esterilizantes. Pero la más poderosa arma de los carroñeros es su sofisticadísimo sistema inmunitario, investigado por su potencial uso contra enfermedades humanas. Incluso es posible que el hombre conserve aún alguna resistencia natural frente a la carroña, pues nuestros ancestros la consumían. Otra dieta muy especial es la vampírica. Los animales que se alimentan de sangre incluyen, por ejemplo, a los vampiros, hembras de mosquitos y otros dípteros, las chinches de las camas, las sanguijuelas, las garrapatas, e incluso a una especie de mariposa nocturna. La sangre es un alimento monótono, rico en nutrientes pero de difícil extracción. Está compuesta básicamente por glóbulos rojos, que son difíciles de romper, y de proteínas, de descomposición complicada. Aporta pocas grasas, azúcares y vitaminas. Los animales hematófagos tienen un aparato digestivo peculiar, compuesto básicamente por un largo intestino delgado, que es el que se encarga de digerir las proteínas y albergar bacterias simbiontes que ayudan en la digestión y sintetizan las vitaminas que escasean en la sangre.

Hay otras polillas asiáticas que se alimentan de lágrimas de búfalos y otros mamíferos. Absorben la sal, las proteínas que hay disueltas en ellas y algunas células, como glóbulos blancos. Otras materias exóticas e indigeribles para la mayoría de animales son la madera, el cuero, el pelo o la ropa. Muchos insectos, como termitas, escarabajos o polillas, son capaces de digerir estas sustancias, aunque siempre gracias a microorganismos especializados que albergan en sus tubos digestivos y que realizan la descomposición por ellos. Las crías de algunos de estos animales deben ser alimentadas con materia fecal de los adultos para que obtengan los microorganismos necesarios. Otras veces las crías deben comer las cáscaras del huevo, adonde han migrado los microbios.

domingo, 27 de septiembre de 2009

Elefantes: su compleja personalidad


Los elefantes comparten características fundamentales con los humanos y los simios antropomorfos.

Disfrutan de vidas largas, tienen cerebros muy grandes y sus crías dependen del cuidado de los mayores durante mucho tiempo. Estos rasgos se asocian con el desarrollo de la inteligencia y la vida en comunidades sociales complejas. Sin embargo, sus mentes difieren en muchos aspectos. La inteligencia del elefante es extraña y misteriosa.

Los elefantes son torpes, si se les compara con los chimpancés, en algunas tareas. No son capaces de entender que si tiran de una cuerda, la bandeja de plátanos se acercará a ellos, ni que si se pone un cubo tapando el plátano, éste sigue debajo. En cambio, muestran otras conductas espontáneas que reflejan su peculiar inteligencia.


Limpian de tierra las hierbas antes de comérselas golpeándolas contra sus patas o metiéndolas en agua. Si hay agua cerca, el elefante prefiere este segundo método, más eficaz, lo que refleja una interacción flexible con el ambiente. Algunos elefantes cubren los pozos en la arena con bolas de corteza mascada para que el agua no se evapore. Algunos jóvenes elefantes tienen el rebelde hábito de tapar con barro la campana que cuelgan los hombres en sus cuellos, para entrar silenciosamente a comer bananas en las plantaciones de noche.


Los elefantes pertenecen al muy selecto club de los animales capaces de reconocerse en el espejo. Los investigadores colocaron un espejo gigante frente a tres elefantas adultas. Todas mostraron signos de reconocerse a sí mismas: abrieron la boca y la examinaron atentamente. Una pasó la prueba de oro, el "test de la marca". Le pintaron una marca en la cabeza y ella la contemplaba repetidamente. El autorreconocimiento es parte de una habilidad cerebral compleja.


Los elefantes usan herramientas. Como los primates, los elefantes jóvenes juegan con objetos encontrados en su medio. Usan palos manejados por la trompa para rascarse. También usan hojas anchas como espantamoscas. Arrojan todo tipo de objetos ante los intrusos y los enemigos. Los proyectiles incluyen pesadas piedras, palos, huesos grandes, etc. Los elefantes también se arrojan intencionadamente objetos unos contra otros en las luchas por el ascenso en la jerarquía y en los juegos juveniles. Han aprendido también a romper los cables en las vallas electrificadas con piedras o troncos.


Los elefantes tienen una memoria prodigiosa. Viajan cientos de kilómetros al año. Deben recordar los caminos que han seguido y, sobre todo, los sitios en la sabana (e incluso el desierto) donde hay agua. Los pozos pueden estar separados más de sesenta kilómetros unos de otros. Los elefantes poseen un sentido maravilloso de la orientación. Recuerdan año tras año (a lo largo de sus setenta de vida) la situación exacta (con menos de 1m de error) de cientos de pozos naturales de agua. Además, les basta con haber estado sólo una vez en su vida en cada uno de los pozos.

Los elefantes poseen también una gran memoria social. Cada uno de ellos reconoce a más de cien elefantes, tanto de su grupo como de los próximos. Es capaz de reconocer tanto su olor como sus voces: los elefantes están continuamente 'hablando' entre ellos. Sus señales de comunicación son muy variadas (incluyendo signos visuales, táctiles, sonoros e infrasónicos), lo que es un indicio de inteligencia. Ellos usan sonidos, muy sofisticados, de frecuencias audibles por nosotros, que se transmiten a través del aire. Además, los elefantes usan sonidos de muy baja frecuencia que viajan grandes distancias a través del suelo. Nosotros no podemos oírlos: son como pequeños terremotos, que ellos perciben con sus patas. Unos pocos elefantes cautivos han aprendido a imitar sonidos e incluso la voz humana, y una elefanta africana semisalvaje fue capaz de imitar el ruido distante del tráfico. Estas cualidades probablemente evolucionaron para mantener la cohesión social entre las hordas de elefantes, que se dispersaban y se reagrupaban. Un ejemplar africano ha pasado la mayor parte de su vida conviviendo con elefantes asiáticos, que producen un sonido gorjeante único, y emite el gorjeo asiático, en lugar de las graves llamadas africanas.

Por otro lado, los elefantes han sido observados en la naturaleza trazando motivos en la arena con un palo o una piedra. ¿Por qué lo hacen? Esto podría indicar un impulso natural hacia el arte, que los humanos han ayudado a desarrollar. Si les dan pinceles y pinturas, realizan cuadros abstractos de aspecto simple, pero que evidentemente constituyen composiciones coherentes, en las que destacan rasgos como la repetición de trazos y colores, la simetría y la combinación de elementos. Cada individuo tiene su estilo propio e incluso hay “modas” en las diferentes zonas. Algunos elefantes desarrollan patrones de líneas verticales; otros, onduladas, y otros producen motivos radiales. Vitaly Komar y Alex Melamid, dos pintores rusos, han fundado en el Centro de Conservación de Elefantes de Tailandia, una academia en la que les enseñan a pintar. Estos elefantes no sólo producen cuadros abstractos, sino también figurativos. Pintan bellas representaciones de flores, árboles e incluso elefantes. Algunos manejan ya conceptos artísticos avanzados, como la perspectiva y el sombreado, y su firmeza y habilidad para ejecutar los trazos con la trompa son notables.

Un elefante nunca olvida a quien le ha hecho daño. A veces asaltan asentamientos humanos aparentemente como venganza por antiguos ataques. Manadas de ellos han demolido cabañas y destruido cultivos, no para conseguir comida, sino para asustar a la gente. De una generación a otra se ha transmitido un sentimiento de desconfianza hacia los humanos. Esto es un ejemplo de que los elefantes presentan memoria cultural. Los elefantes que nunca han sido cazados reaccionan a la presencia humana con curiosidad y buena disposición. Las manadas de elefantes que han sido cazadas por el hombre pueden refugiarse en los bosques, adoptar hábitos nocturnos y evitar todo contacto con humanos. Las madres enseñan a sus hijos estas estrategias.

Las madres elefantes son muy cuidadosas y a veces reaccionan acertadamente ante situaciones urgentes. Una elefanta parió una cría aparentemente muerta, pero ella comenzó a mover con sus patas el cuerpo inerte, sin descanso. Tres horas después de este rudo masaje, la cría comenzó a moverse y acabó poniéndose de pie con la ayuda de su madre. Una manada de elefantes está compuesta únicamente por hembras y crías bajo el liderato de la hembra más vieja y es altamente cooperativa. Las madres comparten su leche. Las crías disponen de madres auxiliares (“tías”) que vigilan el sueño del bebé mientras la madre descansa tras el parto. Las madres y tías se interponen entre el sol y la cría y mueven sus orejas para refrescarla. Una cría caída al agua será rescatada por las adultas, que empujan con sus patas y tiran con sus trompas, cuidando siempre de que su cabeza esté fuera del agua. Una “tía” adopta a la cría si la madre muere. No es sorprendente que los elefantes tengan una de las tasas más bajas de mortalidad infantil de todos los animales. Los bebés elefantes, como los humanos, saben muy poco por instinto. Nacen sólo con un 35% de su cerebro adulto, el porcentaje más pequeño de todos los animales. Deben aprender casi todo lo que necesitan para vivir. Tienen que aprender a usar su trompa para beber, imitando a los adultos, y también qué plantas son comestibles.

Los elefantes tratan de ayudar a sus congéneres heridos o enfermos. Se ha observado a menudo a un elefante que intenta levantar a otro que ha caído y, una vez levantado, lo ayuda a mantenerse en pie. Cuando un elefante muere, los demás miembros de su clan (y de otros próximos) visitan al cadáver y lo tocan. Lo rodean y emiten sonidos de duelo durante varios días. Durante años observarán los restos esqueléticos con atención. Cuando una manada de elefantes pasa por el lugar donde murió un miembro suyo, se detienen y exhiben signos de reverencia. Éstas son conductas que sólo los elefantes comparten con los humanos.

El elefante tiene el mayor cerebro entre los animales terrestres, que representa un 0,08% del peso corporal (en los humanos, un 2%). Los cerebros de elefantes y humanos presentan muchas circunvoluciones que incrementan su superficie, lo que está correlacionado con una alta inteligencia. ¿Qué es específico del cerebro del elefante? El hipocampo, zona muy importante en la memoria y las emociones, es mayor en el cerebro del elefante que en el humano. Otras 3 áreas están notablemente desarrolladas: el lóbulo olfatorio (en relación a la gran nariz), el cerebelo (se cree que para la coordinación de los movimientos, en especial los de la trompa) y el lóbulo temporal, que está vinculado generalmente con el oído y la vocalización. Es razonable conjeturar que los elefantes tienen muy desarrollado este lóbulo para distinguir una gran variedad de sonidos y comunicarse con ellos. Pero, sobre todo, podemos decir que la inteligencia del elefante está muy condicionada por su trompa, como la nuestra por nuestras manos.

viernes, 25 de septiembre de 2009

El sentido del humor en los animales

La gorila Koko y su mascota

Nadie sabe lo que es el sentido del humor, pero los niños de unos cuantos meses ya lo manifiestan. El humor está ligado al asombro, al juego, a la fantasía, al afianzamiento de las relaciones sociales pero también al quebrantamiento de las normas, al absurdo, a la sorpresa, y también, a veces, a cierto sadismo. Algo de todo eso hay en el humor, pero no es el humor. Simplemente lo reconocemos cuando se presenta entre nosotros. Los animales más inteligentes muestran variadas proporciones de esos elementos en sus manifestaciones. Podemos negar que estén haciendo conscientemente una broma, pero cuando sopesamos otros aspectos de su inteligencia, y sobre todo, cuando percibimos sus expresiones, no podemos dejar de sentir que se están quedando con nosotros.

Incluso entre los animales no demasiado inteligentes aparecen conductas que podrían atribuirse a un primitivo sentido del humor. Cuando tu gato te espera oculto tras un obstáculo para “darte un susto” saltando bruscamente delante de ti y echa a correr para que lo persigas, emite unas vocalizaciones muy peculiares, que podrían equipararse a una risa o una manifestación de alegría (estas “risas” se han observado en muchos animales, como ratas, perros, chimpancés o aves, ante estímulos como cosquillas o juegos). Pero lo más interesante del caso del gato es que esas vocalizaciones son más intensas cuánta más sorpresa o cuánto más miedo finges y también cuando lo persigues emitiendo frases con tono “amenazante”. Parece la misma risa del bebé al que, después de haber cometido una travesura, se le regaña en broma.

En la naturaleza, los juegos de los simios antropomorfos ya muestran algunas burlas elementales: gustan de empujar a los otros por la espalda cuando están más desprevenidos y también fingen que van a entregar al otro un objeto, que retiran rápidamente cuando éste va a recogerlo (este juego se ha observado también en córvidos). En contacto con los humanos, los simios son capaces de hacer su humor más sofisticado. Entre las primeras bromas que realizan los bebés, está la de esconderse burdamente, tapándose la cara con las manos o con un trapo. Saben que son perfectamente visibles, pero se parten de risa ante nuestro fingido miedo de haberlos perdido. Estos juegos eran de los que más gustaban a Whasoe, la primera chimpancé a la que se enseñó a comunicarse con nosotros por medio del lenguaje de signos de los sordomudos (los loros también juegan espontáneamente, incluso con otros animales, al escondite). Cuando quería jugar no decía “esconderse”, sino “cucu-tras-tras” o “nosotros cucu-tras-tras deprisa”. Whasoe también comparte con los bebés humanos el humor escatológico: un día, mientras Roger Fouts, su entrenador, la estaba paseando a hombros, se le orinó encima, haciendo a continuación el signo de “divertido”, aplaudiéndose a sí misma. Uno de los primeros signos que aprendió fue “cosquillas” y luego decía “Roger cosquillas Washoe”, para pedir que su cuidador se las hiciera. Éste, un día, hizo los signos con el orden alterado: “Washoe cosquillas Roger”. Al principio la chimpancé se quedó desconcertada, sin comprender. Pero pronto se le iluminaron los ojos y saltó entusiasmada sobre Roger, al que apabulló con cosquillas. Durante un buen rato estuvieron alternando los papeles, con gran regocijo del simio.

Otra chimpancé, Lucy, consideraba extremadamente divertido un juego: el de tragar simuladamente cosas. Roger cogía un objeto, como unas gafas, y hacía como que se lo tragaba, poniendo la cabeza de perfil respecto a Lucy y pasando las gafas a la altura de la boca, por el lado de su rostro que Lucy no podía ver. Sin que su interés ni su excitación decayeran lo más mínimo, Lucy se sentaba a poca distancia de Roger observando cómo ejecutaba su juego de manos. En cuanto Roger dio por concluida su actuación, Lucy cogió las gafas y, llevando consigo su espejo irrompible, realizó también el juego consigo misma mirándose en el espejo. A continuación, hizo los signos “mira tragar”. Luego echó saliva por el espejo, y mirando su propia imagen distorsionada con expresión divertida, se dedicó a extender su saliva con los dedos. Lucy también inventaba sus propios juegos con Roger. Algunas veces, asumía el papel de profesora: le quitaba algún objeto y no se lo entregaba hasta que Roger lo identificaba con el signo adecuado.

El dominio, aunque sea rudimentario, de un lenguaje humano, proporciona a los animales una herramienta inigualable para el humor. Les permite, por ejemplo, insultar y mentir. Una gorila entrenada en la Universidad de Standford para usar el lenguaje de señas, destruyó un lavadero que tenía en su jaula. Cuando el cuidador se acercó para saber qué pasaba, la gorila lo señaló a él como el culpable del destrozo. Como es una mentira tan fácil de descubrir, es más lógico atribuir la respuesta a una broma. Los grandes simios se insultan entre sí calificándose de sucios unos a otros y usando una variada gama de referencias a cosas asquerosas. Koko, una gorila con gran dominio del lenguaje (usa más de mil palabras del lenguaje de gestos e inventa nuevos signos para las cosas que no conoce), aborrecía a Ron, un cuidador severo. Ella no se preocupaba de ocultar sus sentimientos respecto a él. Una vez, alguien le preguntó: “¿quién es Ron?” y ella respondió: “diablo estúpido”. Otro día al preguntársele “¿qué es gracioso?”, Koko replicó: “Koko quiere a Ron”. A continuación, llevando el asunto hasta sus últimas consecuencias, dio un beso a Ron, algo que jamás había hecho. El sentido del humor de Koko se manifiesta de muchas otras formas. A veces, al pedirle que haga algo, hace exactamente lo contrario, pero de forma tan caricaturesca que no queda duda sobre la intencionalidad de su conducta.

Koko, antes de recibir algo para comer, beber o jugar, tiene siempre que hacer el gesto correspondiente. La cuidadora se negaba a darle un vaso de leche antes de que hiciera el signo “beber”. Después de dos ocasiones en que se negó a hacer el gesto, Koko ejecutó un signo “beber” perfecto en su configuración manual, pero en vez de colocar el pulgar en la boca, se lo llevó a la oreja. ¿Estaba Koko haciendo un chiste o cometiendo un error? Parece que fue una broma porque es un signo que ha ejecutado correctamente miles de veces y, mientras hacía el signo, había puesto cara de juego. Además, Koko tiene todo un historial de referencias humorísticas a distintas partes de su cuerpo, sobre todo la oreja. Una vez, al preguntarle “¿dónde quieres tomar esta bebida?”, Koko puso la oreja. Otro día, al enseñarle un bote de mermelada vacío, dijo “haz comida”. La cuidadora dijo: “¿haz dónde? ¿en tu boca?”. Koko respondió: “nariz”.La cuidadora preguntó: “¿Nariz?”. Koko respondió inesperadamente: “Boca de mentira”. La cuidadora, para asegurarse, preguntó: “¿dónde está tu boca de mentira?”. Koko volvió a responder: “nariz”. Las combinaciones de palabras de Koko se caracterizan por una gran creatividad y espontaneidad. En muchas ocasiones constituyen auténticas metáforas. Una vez definió a Pinocho como “niño elefante” y ella misma, tras colocarse un tubo en la nariz, decía que era un elefante. Una vez, Koko adoptó como mascota a un gatito sin rabo y lo llamó “All Ball” (todo pelota o todo redondo). Koko también gusta de hacer rimas (los simios a los que se les enseña un lenguaje suelen gesticular solos y jugar con los gestos, como los niños pequeños juegan con las palabras).

Pero los animales más bromistas parecen ser, sorprendentemente, algunas aves: córvidos y loros. Carolee Caffrey descubrió una conducta humorística en la naturaleza. Hizo un seguimiento de dos cuervos en California, un macho de un año y su padre, que se alimentaban bajo un magnolio en flor. Cuando la hermana del macho joven acudió a reunirse con ellos, accidentalmente arrancó un pétalo, que cayó junto a la cara de su hermano y lo sobresaltó. Su hermana se dio cuenta, se dio media vuelta, avanzó lentamente por la rama hasta una flor, arrancó un pétalo con el pico y regresó hasta un lugar situado encima de la cabeza de su hermano. Luego se inclinó hacia delante y dejó caer el pétalo, que volvió a asustarle.

En su hilarante libro “Mi Familia y Otros Animales”, el famoso naturalista Gerald Durrell relata que cuando sus urracas (“Gurracas”) tuvieron que ser recluidas en una espaciosa jaula en el exterior de la vivienda (tras explorar minuciosamente el cuarto de su hermano mayor y haber causado un estropicio descomunal), se aburrían mucho.
“Su estado de reclusión les dejaba mucho tiempo libre para sus estudios, que consistían en adquirir una sólida base de los idiomas griego e inglés y producir hábiles imitaciones de los sonidos naturales. Pronto aprendieron a llamar por su nombre a cada miembro de la familia, y con astucia extremada esperaban a que Spiro se metiese en el coche y lo echara a andar monte abajo para abalanzarse a una esquina de la jaula y chillar «Spiro...
Spiro... Spiro...», con lo que le hacían frenar en seco y volver a casa a ver quién le llamaba. También se divertían inocentemente gritando en rápida sucesión «¡Fuera!» y «¡Ven!» en griego y en inglés, para total desconcierto de los perros. Otra gracia que les producía infinito regocijo era la de engañar a la desdichada bandada de gallinas que se pasaban el día rebuscando esperanzadas en el olivar. Periódicamente la criada salía a la puerta de la cocina y emitía una serie de trinos, alternados con extraños hipidos, para anunciar la comida a las gallinas, que al punto se congregaban en la puerta como por ensalmo. En cuanto las Gurracas se aprendieron el pregón del pienso, toda su ilusión se centró en hacerles la vida imposible a las pobres aves. Para ello esperaban a los momentos más inoportunos: hasta que las gallinas, con infinito esfuerzo y mucho
clocló, se habían instalado a dormir en los árboles más bajos, o a las horas de más calor, cuando se echaban una grata siesta a la sombra de los arrayanes. Apenas se habían dormido cuando las Gurracas iniciaban el pregón, haciendo una de ellas los hipidos mientras la otra se encargaba de los trinos.”... “A las Gurracas les gustaban los perros, pero no perdían ocasión de meterse con ellos. A Roger le tenían especial cariño: iba a visitarlas a menudo, y se tumbaba junto a la tela metálica con las orejas tiesas mientras ellas, posadas en el suelo de la jaula a cinco centímetros de su hocico, le hablaban en tonos dulces y silbantes, mezclados con alguna que otra risotada ronca como si le estuvieran contando chistes verdes. Nunca se burlaban tanto de él como de los otros perros, y nunca le atraían con suaves lisonjas hasta la tela metálica para luego aletear al suelo y tirarle del rabo, como solían hacer con Widdle y Puke”.

Los loros también comparten este componente un poco sádico en algunas de sus bromas, pero han alcanzado mayores cotas de refinamiento, merced a su capacidad de combinar palabras en frases, sintácticamente correctas, con significado adecuado al contexto. Liz Wilson, experta en la conducta de los loros, nos proporciona la siguiente anécdota. Varios loros compartían una pajarera. Entre ellos había algunos muy miedosos y excitables, pero también un gran macho de loro gris africano (o yaco), muy tranquilo. Una vez, cuando las otras aves estaban sosegadas, el yaco emitió una desgarradora llamada de alarma. Los otros pájaros se dejaron llevar por un pánico total y querían escapar desesperadamente de sus jaulas, chocando con las paredes y cayendo al suelo. El gran macho gris sacudió entonces sus plumas, meneó su cola (un signo de placer en los grises africanos) y graznó calmadamente: “It´s okaaaaaay...” (“esto está bien”).
Leigh Ann Harstfield, otra experta americana en loros, nos cuenta una bonita broma de sus dos loros grises, Pepper y Franco, que sólo realizan los niños de unos cuantos años de edad (Alex, otro yaco al que se sometió a un duro aprendizaje, demostró tener al final de su vida un nivel de inteligencia general comparable al de un niño de cinco años). En una visita a casa de su madre, ella y su marido encerraron a los loros en un cuarto contiguo, porque había otras mascotas que podían hacerles daño. De vez en cuando, ella y su marido tocaban a la puerta de la habitación de los loros para comprobar que todo iba bien. Pepper preguntaba siempre quién llamaba: “¿Melba? (la madre de Leigh Ann); “¿Simba? (el gato); “¿Mia?” (la perra de unos amigos). Leigh Ann está segura de que la lora sabía que eran ella y su marido quienes llamaban a la puerta y que sólo quería bromear. Después de todas las preguntas, Franco dijo: “Entra, entonces”. Franco también se divierte con los perros diciendo alternativamente “ven” y “vete”. Pepper posee un gran vocabulario. Leigh Ann y su marido bromean con ella y a veces le dicen que es una gallina, pero Pepper siempre ha tenido fascinación por las cornejas, cuyas llamadas puede imitar perfectamente. Un día la lora dijo: “Pepper es una gallina y una corneja”.

N´kisi es otro loro africano gris, que es un prodigio lingüístico: tiene un vocabulario de 970 palabras y las organiza en frases complejas, aparentemente creadas espontáneamente. Maneja bien varios tiempos verbales. Parece poseer también sentido del humor. Vio muchas veces la foto de Jane Goodall, trabajando con sus chimpancés. Cuando, tiempo después, la conoció personalmente, la saludó con un irrespetuoso "¿Tienes un chimpancé?". Tras observar a un congénere colgado cabeza abajo de su percha, dijo a su cuidador: "Tienes que filmar a ese pájaro".

Pero quizá la broma más sofisticada creada por un animal es la que da título al libro de Eugene Linden “El Lamento del Loro”. La lora doméstica gris africana de Sally Blanchard, Bongo Marie, pareció fingir desconsuelo por la muerte de Paco, su compañero papagayo del Amazonas. Blanchard estaba cocinando una gallina. Al levantar el cuchillo, Bongo Marie echó atrás la cabeza y gritó: “¡Oh, no, Paco!”. Intentando no reírse, Blanchard dijo, “mira, no es Paco” y mostró a la lora que el papagayo estaba vivo. Fingiendo un tono decepcionado, Bongo Marie dijo “Oh, no”, y rompió en carcajadas.


Agradecimientos: agradezco a Liz Wilson y Leigh Ann Hartsfield sus comunicaciones personales, y también a Irene Pepperberg, por haberme puesto en contacto con ellas.

Nota: publicado, con algunas modificaciones, en el número de agosto de 2.009 de la revista MUY INTERESANTE.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Reconciliación: cómo solucionan sus conflictos los primates


La agresividad y otras conductas negativas en los humanos, ¿son un resultado de nuestra herencia biológica o son adquisiciones culturales?

Hoy está claro que ambas afirmaciones son ciertas a la vez, sobre todo después del estudio de nuestros parientes más cercanos, los primates superiores. Jane Goodall dedicó diez años a estudiar la conducta de los chimpancés y encontró muchas muestras de altruismo, ayuda mutua, ternura y sacrificio por los demás. A partir de entonces, le llegaron poco a poco noticias de conductas aberrantes de inusual crueldad (bebés asesinados por adultos, incursiones guerreras en los territorios de otros grupos, etc). Pronto quedó en evidencia que estas conductas estaban también muy extendidas y que los chimpancés de grupos distintos podían vivir en un estado de guerra permanente. Como los chimpancés poseen una cultura (transmisión de conocimientos y conductas de unos individuos a otros), parece claro que heredamos tanto genética como culturalmente los diversos modos del horror.

Jane Goodall es a pesar de todo optimista: cree que podemos controlar psíquica y culturalmente nuestros instintos más negativos, ya que podemos sentir empatía y compasión por los demás, y la plasticidad del cerebro humano permite que potenciemos conscientemente estos sentimientos. Ella misma pone varios ejemplos de reconciliación entre los chimpancés. Existen rituales que ayudan a solucionar los conflictos. Por ejemplo, la víctima de una pelea, aunque tenga miedo, se acerca con frecuencia al agresor emitiendo gimoteos, agachándose por el suelo y tendiendo la mano en ademán implorante. El agresor responde por lo general tocando, dando palmadas o incluso abrazando y besando a la víctima. Ésta se relaja y la armonía se restablece.

Las hembras parecen tener una tendencia más acusada para procurar la solución de los conflictos. Una hembra chimpancé en un zoo de Holanda demostró una habilidad fabulosa para resolver la tensión entre dos machos adultos tras una pelea, que amenazaba la armonía social. Se situó entre los dos machos y empezó a desparasitar (lo cual es muy relajante) a uno de los machos, y muy lentamente se iba acercando al otro, sin alejarse del primero. Luego dejaba de desparasitar a éste y se ocupaba del rival. Al cabo del rato, los dos machos estaban tan cerca que podían ocuparse simultáneamente de desparasitar a la hembra ellos también. Muy poco a poco ésta se escabulló de entre medias de los machos y estos, ya calmados por la sesión de aseo y liberados de la necesidad de dar el primer paso, empezaron a asearse mutuamente.

Frans de Waal, otro experto primatólogo, opina que los rituales de reconciliación son el producto de una habilidad social adquirida más que de un instinto: “Los monos dorados lo hacen cogiéndose de la mano, los chimpancés con un beso en la boca y los macacos de Tonkín abrazándose y chasqueando los labios. Cada especie sigue su propio protocolo de pacificación. Tomemos, por ejemplo, algo que he visto una y otra vez en los antropoides pero nunca en los otros monos: después de que un individuo ha atacado y mordido a otro, vuelve para inspeccionar la herida. El agresor sabe exactamente dónde mirar. Si el mordisco ha sido en el pie izquierdo, el agresor se dirige sin titubear al pie izquierdo de la víctima —no al derecho o al brazo—, levanta e inspecciona el pie dañado y luego comienza a limpiar o tratar de cerrar la herida. Esto sugiere una comprensión de causa y efecto del estilo de «si te he mordido, ahora debes tener un corte en el mismo sitio». También sugiere que los antropoides se ponen en el lugar del otro.”

Los bonobos son otra especie de chimpancé, con una sociedad dominada por las hembras, y en la que la actividad sexual tiene un papel importante en todo tipo de relaciones sociales y no siempre está ligada a la reproducción. Los bonobos sustituyen la agresión por el sexo (lo que no es mala idea). El sexo está presente en casi cualquier contexto social y por medio de todas las combinaciones entre parejas, tanto heterosexuales como homosexuales. No es que estén practicando el sexo a todas horas, (lo hacen de modo esporádico), pero éste parece constituir una parte completamente natural y relajada de su vida grupal.

Los bonobos recurren al sexo cuando encuentran alimento o un objeto atrayente, en parte para relajar la competencia. También lo usan en contextos agresivos: un macho celoso puede ahuyentar a otro de una hembra, pero para reconciliarse ambos machos recurrirán a un frotamiento genital. Las peleas entre hembras (por ejemplo, por cuestiones relacionadas con las crías), se solucionan también con un frotamiento de sus genitales. Los conflictos entre machos y hembras adultos, en los que la hembra podría recurrir muchas veces a la violencia, suelen aplacarse cuando la hembra pone en contacto su vulva con alguna parte del cuerpo del macho.

Otro medio de reconciliación ciertamente curioso es el de algunos monos cercopitecos (macacos, babuinos y similares). No tiene equivalente en otros grupos animales. La relajación y la disponibilidad para el perdón pueden ser despertadas por unos objetos que evocan en los animales adultos impulsos de protección y sentimientos de ternura: las crías de la propia especie. Como peluches vivientes, las crías de ciertos cercopitecos que retozan tranquilamente son a menudo raptadas sorpresivamente por machos adultos y presentadas a los machos dominantes como “ofrendas” o símbolos de aceptación de la jerarquía.Cuando un macho se siente agredido por otro, agarra a una cría que esté en las proximidades y se la enseña al agresor, lo que tiene la inmediata consecuencia de apaciguarle. A menudo se abrazan y la cría, que normalmente está asustada y empieza a chillar, es soltada e ignorada. Otras veces las crías son usadas como pasaportes en las incursiones de grupos de machos en el territorio de otros.En el mono de Gibraltar, los cuidados a las crías por parte de grupos de machos parecen tener la función de promover las relaciones sociales entre sus miembros. Las atribuladas crías son pasadas de unos a otros, manoseadas, zarandeadas y finalmente espulgadas por los machos.
Las crías son objetos de apaciguamiento muy poderosos. Una madre de macaco que porte a sus hijos tiene mucha menos probabilidad de ser atacada por miembros de su especie que otra que no los lleve.

Estos disparadores del apaciguamiento están a nuestro alcance también, aunque causen el estupor de nuestros enemigos y no siempre podamos agarrar a un niño que pase por la calle. Muchas veces, la simple sorpresa, la imaginación, el absurdo, el trastocamiento de las normas, nos sirven para desbaratar situaciones de agresividad y tensión.




-- Podéis ver también este interesante montaje de vídeo de Pablo Herreros Ubalde: Hacer las paces